La historia y su devenir

En esta sección se exploran las ramificaciones de momentos históricos que han marcado nuestras vidas hasta el día de hoy. De la mano de estas columnas, te invitamos a conocer las claves históricas que las autoras consideran presentes en cada episodio de la cotidianidad.

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¿Qué leían los jóvenes de la ciudad de México antes del movimiento estudiantil de 1968?

Por: Tania Hernández

“No perdonamos nada de nuestro tiempo;

Quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro…”

Jean Paul Sartre

Se debe entender por “cotidiano” a la actitud ante los acontecimientos y una práctica de costumbres, esto es que cualquier objeto, ya sea una carta, un libro, un vestido o una fotografía puede ser útil para la interpretación de cierta época.

Pilar Gonzalbo propone que se integran a la historia de la vida cotidiana los estudios sobre la cultura material: casa, vestido, alimento, al igual que la sexualidad, la enfermedad y la muerte, ya que gran parte de lo cotidiano se desarrolla en la calle, el trabajo o el lugar de esparcimiento.[1]

La vida cotidiana puede ser de carácter público y de trascendencia general, independientemente de la clase social del individuo. Además, se debe tomar en cuenta que, al hablar de lo cotidiano, los cambios se darán en el largo plazo, a diferencia de la historia política o militar, pues el tiempo que transcurre entre generación y generación siempre va a variar.

El movimiento estudiantil mexicano de 1968 ha sido estudiado desde diferentes disciplinas y perspectivas; lo que a continuación se presenta se enfoca en las rutinas que llevaron día a día los jóvenes de la Ciudad de México antes del 26 de julio de 1968, fecha de inicio del movimiento estudiantil y lo que se leía en esos tiempos a partir de una recopilación de revistas, ensayos y narrativa.

Dice el escritor José Agustín que en México: “la segunda mitad de los años 50, los modos de vida se rigidizaban y se perdía la profundidad de antes, no es de extrañar que muchos jóvenes de clase media no se sintieran cómodos”, es por eso por lo que se da el llamado rompimiento generacional entre padres e hijos y por primera vez muchos jóvenes comenzaron a cuestionar las políticas de un régimen tradicionalista y autoritario.

Por otro lado, antes de adentrarnos en lo más leído en estos tiempos debemos tomar en cuenta que el ser joven es una etapa del Homo sapiens sapiens entre los 13 y 19 años. Actualmente se considera hasta los 29 años y en otras ocasiones hasta los 33 como jóvenes en trascendencia. Para 1968 la mayoría de edad era a los 21 años y se tipificó a los 18 años para poder enjuiciar a los miles de estudiantes menores de edad detenidos después del 2 de octubre. Así pues en los últimos días se ha ventilado que los juicios de los jóvenes del movimiento estudiantil fue una situación anormal, en la cual se estableció una edad adulta a menor edad, para poder enjuiciar y criminalizar a los jóvenes como criminales adultos.

La literatura internacional que se leía provenía de autores estadounidenses como Jack Kerouac y Allen Ginsberg, los politólogos Wright Milts y Donald L. Horowitz, los franceses Jean Paul Sartre, Albert Camus, Pierre-Joseph Proudhon.

Salvador Martínez della Roca cuenta para el semanario Proceso: “éramos una generación que leía a W. Somerset Maugham, con Servidumbre humana, (1915) lecturas de Marx, de Engels, de Lenin eran obligadas”. Asimismo, Un mundo feliz de Aldous Huxley, Los ejércitos de la noche, de Norman Mailer y autores mexicanos como Carlos Fuentes con La muerte de Artemio Cruz y El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Se llego a tener predilección por Juan José Arreola, Pablo Neruda, Mario Benedetti y Franz Fanon.

Es notable que se estaba en contacto con la literatura universal y no es de extrañar que esto despertara interrogantes y abriera la mente al mundo en que se vivía. Los jóvenes se dieron cuenta de su entorno y quisieron cambiar la tradición política, que cada vez tendía más a una política económica, internacional, en la cual prevalecían los intereses industriales y de desarrollo, sobre los intereses sociales.  No se debe perder de vista que 1968 trajo consigo un cambio total que se llevó desde lo más cotidiano como el simple hecho de leer, vestir o escuchar música y estos factores marcaron una generación que fue reprimida tristemente en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco por, precisamente, el miedo al cambio, debemos recordar que la lectura genera seres críticos.


[1] Gonzalbo Aizpiru, Pilar, Historia de la vida cotidiana, p. 11-12.


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