Rehabilitación

Todo el tiempo es un continuo. A veces los días son largos e interminables. A veces pasan en un tris. Mi percepción del tiempo últimamente está algo desordenada, los instantes se agolpan, se superponen. No sé cuánto tiempo ha pasado desde ayer. Todo el tiempo es continuo.

A veces siento que la recuperación es real y que pronto estaré curada, pero entonces creo que nada se ha desvanecido y las sensaciones vuelven con la misma intensidad. Aunque ahora van y vienen, no permanecen. Aunque nada ha permanecido nunca. Pienso que ha pasado el tiempo, pero como siempre pasa sin que lo notemos. El tic tac de un reloj lapidario cae como gota sobre mi cabeza recordándome que nada es, nada queda y nada dura.

Es el encierro. Son los días últimamente fríos. El clima me recuerda que ha pasado el tiempo. Las flores florecieron y se marchitaron. ¿Cuánto falta? Te pregunto como si pudieras escucharme. No hay que apresurarnos, pero ha pasado tanto. Es difícil ver progresos cuando estoy encerrada en la burbuja de mi habitación ¿me sentiré igual al salir al mundo? Me pregunto si volveré a ser capaz de enfrentar al mundo hostil y ruidoso y sucio que está esperando afuera de estas paredes que ya conozco como si fueran las únicas.

¿Será así estar en un manicomio? Me pregunto mientras pienso en un manicomio de película, con batas blancas y barrotes en las ventanas. Ver mi vida pasar sin poder salir y en calma, pero lejos de todo lo que me pueda alterar. Pienso que cerraré los ojos y los abriré con mi cara llena de arrugas y mi cabello larguísimo y blanco, sin saber a dónde se fueron los años de mi juventud o si acaso alcancé a hacer algo de valor.

Pienso, y es lo más probable, que, en 1, 2, 3 meses todo irá un poco mejor y buscaré de nuevo un hogar donde calcinar el pasado tristemente lejano. Me aferro a la idea de encontrar algo que me caliente de nuevo. Buscar de nuevo la sensación de sentir el pecho florecer como si el corazón, en cada latido, bombeara algo parecido a la felicidad.

Pienso en mi rehabilitación. Palabra elocuente si alguna vez hubiera estado, de hecho, habilitada. Como si fuera un interruptor: arriba habilitado; abajo deshabilitado. En medio la rehabilitación y el proceso de pasar de uno a otro, tan largo, tan confuso, tan sin nada que parezca definitivo. Todo el tiempo es un continuo y los procesos extensos, sin interrupciones, sin interruptores que te dejen en un estado definitivo y permanente. Nada permanece.

Pienso en las guerras internas de los otros, que desconocemos, pero juzgamos para evitar la propia. Las rehabilitaciones que juzgamos desde la comodidad de pensar que entendemos a fuerza de comparaciones inútiles y ociosas. -No te compares- escucho que dicen los que saben, -no te compares- me escucho a mí misma mientras me miro en el espejo pensando que aún no tengo arrugas ni el cabello blanco y todavía tengo tiempo, que aún no es tarde.

El tiempo es un continuo y espero no ser la serpiente que se muerde la cola atrapada en un círculo infinito de rehabilitaciones sin descanso, cada una parecida a las precedentes. Pero todo el tiempo nos estamos curando de algo.

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